El Edén Tropical, la Maldición de la Inacción: Agricultura en Guinea Ecuatorial
|Por Pedro Gonzalez
Guinea Ecuatorial, a pesar de su clima tropical favorable, no aprovecha su potencial agrícola debido a la dependencia del petróleo, la falta de inversión y la falta de voluntad política. Se necesita un cambio de mentalidad y acciones concretas para impulsar la agricultura y garantizar la seguridad alimentaria.
¡Basta de eufemismos! Basta de romantizar el clima tropical como si fuera la panacea para la agricultura. Aquí, en Guinea Ecuatorial, estamos sentados sobre un tesoro, un vergel teórico que podría alimentar a toda África Central, pero en la práctica, importamos hasta el plátano. ¿Por qué? Porque preferimos la comodidad del petróleo a la ardua tarea de arremangarnos y cultivar la tierra.
Nos han vendido la idea de que el petróleo es la gallina de los huevos de oro, y sí, ha traído algo de riqueza, pero una riqueza mal distribuida, concentrada en las manos de unos pocos, mientras el resto observa cómo la tierra, bendecida con un clima envidiable, languidece sin ser aprovechada. El clima tropical, con su abundancia de lluvia y sol, debería ser nuestro aliado, no nuestra excusa para la inacción.
¡No me vengan con cuentos de que es demasiado difícil! He visto campesinos en condiciones mucho más adversas, en climas áridos y suelos pobres, sacar adelante cosechas milagrosas. Aquí, tenemos la ventaja del suelo fértil y las lluvias constantes. Lo que nos falta es voluntad política, inversión inteligente y una cultura de trabajo que valore la agricultura por encima de la especulación petrolera.
¿Dónde están los programas de formación para nuestros agricultores? ¿Dónde está la inversión en infraestructuras de riego y almacenamiento? ¿Dónde está el apoyo a la investigación agrícola para desarrollar variedades adaptadas a nuestras condiciones? En cambio, vemos cómo el dinero se despilfarra en proyectos faraónicos que benefician a unos pocos y dejan a la mayoría en la estacada.
La dependencia del petróleo nos ha vuelto perezosos y complacientes. Hemos perdido la conexión con la tierra, hemos olvidado el valor del trabajo manual. Y mientras tanto, el futuro de nuestros hijos se diluye en la dependencia de un recurso finito y volátil.
Es hora de despertar. Es hora de exigir a nuestros líderes que dejen de lado la retórica vacía y tomen medidas concretas para impulsar la agricultura. Es hora de dejar de depender de las importaciones y empezar a producir nuestros propios alimentos. Es hora de convertir el Edén tropical en una realidad palpable, en una fuente de prosperidad y seguridad alimentaria para todos los ecuatoguineanos. Si no lo hacemos, el clima tropical, en lugar de una bendición, será la maldición de nuestra propia negligencia.